%2011.51.58%20a.%C2%A0m..png)
No nací para aplaudir lo obvio ni para fingir que todo está bien cuando de lejos apesta. Tampoco me interesa caer bien a todo el mundo y si estoy aquí, es porque tengo palabras acumuladas como puños cerrados, listas para golpear donde haga falta: si algo me define, es que no me tiembla la voz ni la mano, a la hora de escribir.
Soy la que escucha y juzga, la que no puede pasar por alto los errores propios o ajenos, la que se ríe sola en un rincón porque encontró una contradicción gloriosa en un discurso solemne, el "sabueso entrenado", como alguna vez me llamaran, la que desconfía del silencio cuando algo merece juicio, la que no cree que todas las opiniones sean respetables, la que no teme decir que algo está sobrevalorado, que lo espiritual muchas veces no es más que marketing, y que el ruido social tiene menos profundidad que lo llano.
No sé odiar. Pero me llaman "mordaz" y puedo lograr un sentido del humor tan negro que a veces me da sombra y aunque pueda parecer que todo me molesta, en realidad hay pocas cosas que me ofenden: la injusticia, la mediocridad celebrada, el cinismo disfrazado de autenticidad y la impostura con pretensiones de profundidad.
Lo demás, lo navego con una mezcla de ironía, desgano selectivo y una pizca eterna de distimia.
Este blog no busca cambiar el mundo. Ni siquiera cambiar la opinión de nadie. Solo quiero dejar al fin constancia de mi náusea, de mis descubrimientos y de esos momentos gloriosos en los que el sinsentido se revela con tanta claridad, que dan ganas de brindar con gasolina.
Bienvenidos todos.
Pónganse cómodos... O incómodos, me da igual.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario